• Mariana Sánchez

Cuarto cambiante

En los días de insomnio acabé desarrollando un juego que resultó, a mi parecer, bastante entretenido –y útil para cuando ya no te sirve ni contar ovejas, así es que aquí se los comparto. Primeramente, se recomienda estar en la noche, ya sin ruidos ajenos ni estímulos visuales de ningún tipo, o bien dormido o adormilado, en su defecto y con sus respectivos audífonos; a continuación, se selecciona un álbum en el reproductor de preferencia, y es aquí donde empieza lo bueno; el ejercicio consiste en imaginar que estás en un cuarto en blanco que, al sonar la música, se transforma, y tú con él. Por si no quedó muy claro, a continuación pondré algunos ejemplos.

(Cabe recalcar que la elección de música queda a la elección del jugador, pero aprovecho para recomendar estas canciones para sumergirse en la música y el sueño.)


Secret Poetry – Arifa


Aquí hay una ventana que da a algún mar calmado, cubierto por una espesa bruma; hay lluvia cayendo en el exterior; los vidrios empañados, llenos de gotas que se van formando y deformando en una danza desordenada. Sientes un leve movimiento, que va variando por momentos al son de las olas del mar, como si estuvieras en el camarote de un barco. Hace frío (estás descalza y el suelo se siente helado al contacto) pero sientes un calor en el pecho, como si acabaras de tomar un sorbo de una bebida caliente. La luz que entra por la ventana es tenue y azul, como de los últimos minutos del atardecer, y apenas si alcanza a iluminar el espacio.



Mother Earth’s Plantasia – Mort Garson


Las paredes están cubiertas de enredaderas; en el suelo hay macetas y del techo cuelgan plantas de todos los tamaños y colores imaginables; pequeñas florecillas van brotando y desapareciendo por todos lados. La luz es cálida, suave y reconfortante, al igual que la sensación en el resto de tu cuerpo. Notas el olor a tierra mojada mientras te vas adentrando al pequeño jardín, que te rodea y te abraza, contrastando tu temperatura interior con una frescura deliciosa. Sonríes. Mueves la cabeza y los pies. Cierras los ojos: no hace falta seguir mirando a tu alrededor. Las plantas bailan contigo.




Care – TEMPOREX


Abres los ojos como saliendo de un sueño y, con la visión todavía nublada y la cabeza en las nubes, observas: todo tiene tonos rosas/naranjas/amarillos pastel. No hay esquinas, el cuarto es esférico y huele a algodón de azúcar. Te acercas a la pared y notas que es traslúcida; al mirar a través de ella, ves que estás rodeada de una playa de arena blanca y suave, cielo despejado y mar tranquilo.








No Drum and Bass in the Jazz Room – Clever Girl


Cuando empieza, todo sigue en blanco y vacío. Sólo hay una ventana con cortinas blancas y delgadas por las cuales atraviesa una amable luz mañanera. De pronto, en las paredes comienzan a aparecer brochazos de pintura de múltiples colores; luego, imágenes llenas de recuerdos que te forman un nudo en la garganta y llenan tus ojos de lágrimas, por lo que ahora todo a tu alrededor se ve borroso, como pasado a través de un filtro de nostalgia. Entonces, todo se empieza a diluir, como acuarelas en el agua.





Things We Used to Know – Mad Ox


Oscuridad seguida de inmediato por luces cegadoras de colores brillantes –tipo disco– que comienzan a bailar, girar y cambiar a tu alrededor, sin tener un punto específico de nacimiento. Todo es desconcertante; cada vez que se vuelven a prender las luces alcanzas a vislumbrar sombras de algunos objetos (a veces parecen siluetas de personas), pero nunca son iguales, siempre deformadas, y no logras reconocer nada. Intentas caminar, prácticamente a ciegas, pero parece que el cuarto se mueve porque nunca alcanzas a tocar las paredes (¿que eran antes el suelo?).

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