Dawn FM - The Weeknd

Actualizado: 28 mar


*usamos una escala del 1 al 7 para calificar nuestras reseñas

El pasado 7 de enero, la superestrella musical canadiense Abel Tesfaye, mejor conocido como The Weeknd, lanzó su quinto álbum de estudio, Dawn FM. Ahí te va un dato interesante: tenía casi dos años que The Weeknd no sacaba un disco. Parece mentira, ¿no? Y es que promocionó tanto su disco anterior, After Hours (2020), con videos para cada canción, remixes con Ariana Grande y el show de medio tiempo del Super Bowl LV, que no ha perdido vigencia, dado que aún suena “Save Your Tears” en la radio y el teclado de “Blinding Lights” sigue siendo tarareada por la gente. Es por esto que me sorprendió enterarme de que tendríamos un nuevo álbum de The Weeknd, sin rollout y sin más sencillos.

Dawn FM tiene 16 canciones, dura poco menos de una hora y, como su nombre lo sugiere, posee una temática de estación de radio, en la que el locutor es Jim Carrey y Abel hace los jingles publicitarios. No obstante, no se trata de una estación cualquiera; la primera canción establece el tono del disco y presenta a nuestro locutor anunciando lo que estamos por escuchar: una “transición indolora”, ya que “es momento de caminar hacia la luz y aceptar nuestro destino con brazos abiertos”. Comparando este álbum con sus LPs anteriores, principalmente con After Hours, lo más notorio es que The Weeknd ha abandonado el territorio musical del R&B melancólico en el que inició su carrera y su sonido ha evolucionado bajo la influencia del pop ochentero hacia territorios de dream, chamber y electro-pop.

La producción en este disco es fenomenal, cuenta con un sonido que ningún otro artista de la talla de The Weeknd utiliza actualmente. Es como escuchar música pop de los ochenta, pero imbuida con un sonido futurista y con la medida justa de sintetizadores. Quizá la característica más llamativa del álbum es la ejecución de las transiciones entre temas. Los tracks fluyen con una sencillez bellísima, como dedos que flotan en el viento mientras manejas por la carretera. Por otro lado, Abel ejecuta a la perfección los pasajes vocales. A estas alturas, la calidad y el rango de su voz son conocidos por todos; en Dawn FM, el músico canadiense experimenta de forma distinta con ellos y da la sensación de sentirse más cómodo explorando sus registros bajos.

Los temas en este álbum son los usuales de cada disco de The Weeknd: sus miedos, sus traumas y sus ansiedades, derivados de las decisiones en su vida y, naturalmente, de sus relaciones y sus adicciones. En “Gasoline”, Abel transmite una sensación ambivalente: por un lado, la música es de lo más alegre y resulta imposible no mover la cabeza de lado a lado al ritmo de las percusiones; por el otro, está la letra, que tan pronto le prestas atención, te hace dejar de bailar y comienzas a preocuparte por él, por su adicción a las drogas y por el riesgo latente de sobredosis. En cuanto al primer sencillo del álbum, “Take My Breath”, debo confesar que no me pareció una gran canción en un principio, pero al escucharla dentro del contexto del disco, mi opinión cambió diametralmente. En esta versión hay una intro alargada en el que la música genera tensión por casi dos minutos, y te mantiene esperando con inquietud las primeras palabras de la canción, “I saw the fire in your eyes”.

Después de ésta, siguen dos canciones (“Sacrifice” y “Out Of Time”) que emulan y hacen homenaje a Michael Jackson, con el giro propio de The Weeknd. No es ningún secreto que Abel cuenta con un timbre muy similar al de MJ, pero aquí busca dar su mejor rendición de piezas que bien podrían haber aparecido en Thriller. Por si fuera poco, entre estos temas se encuentra el extracto “A Tale By Quincy”, en el que la leyenda de la música y frecuente colaborador del rey del pop, nos habla sobre su infancia problemática, de cómo el criarse sin una figura materna provocó el desarrollo de actitudes dañinas hacia las mujeres en su vida, tema con el que evidentemente se siente relacionado Abel.

“Here We Go… Again” es un tema precioso con una letra de lo más tóxica. En ella escuchamos a Abel presumir su éxito a una expareja haciéndole saber que está enamorado de una nueva persona. Su voz transmite perfectamente las emociones que conlleva el volver a enamorarse. Después del coro, aparece Tyler, The Creator, quien, con un verso brevísimo, se apropia de la canción con una facilidad extraordinaria que hace brillar su timbre de voz.

El álbum llega a su clímax con las siguientes tres canciones; primero, “Is There Someone Else?” introduce abruptamente una hermosa melodía sobre la que Abel canta con un efecto de voz que la vuelve mucho más aguda, volviendo casi inentendible la letra, pero no por eso menos bella. Después, la transición a “Starry Eyes” es prácticamente imperceptible; su voz en esta canción tiene un aspecto espacial y con mucha reverberación, como si estuviera cantando en una iglesia. Por último, “Every Angel Is Terrifying” rompe de pronto el silencio de la canción anterior con un coro caótico de sintetizadores y culmina con Abel sonando como si armonizara con entes celestiales, esto antes de que la canción se convierta, literalmente, en un comercial de radio (que promociona lo que probablemente será su siguiente álbum, After Life).

Los temas del disco son los de siempre, pero en algunas canciones Abel se aleja de la isla de la egolatría y el narcisismo en la que suele naufragar para abordar temas distintos. En “Starry Eyes” y “How Do I Make You Love Me?”, por ejemplo, deja mostrar su lado más desesperado y vulnerable e intenta convencer a su pareja de que le permita amarla, sin importar lo distintos que sean o lo mucho que puedan lastimarse. Otro ejemplo es la penúltima canción, “Less Than Zero”, en la que Abel toma una postura más madura y melancólica, y concluye que no es sencillo sostener una relación con él, como lo deja ver en la última línea, “you tried your best with me, I know”.

La última canción, “Phantom Regret by Jim”, es un hermoso poema narrado por el actor, en el cual, interpretando aún el papel de locutor, te guía a través de una profunda autorreflexión situada al final de la vida. El poema bien podría analizarse de forma exhaustiva en un ensayo, pero lo que más llama la atención al escucharlo es cómo se relaciona con la portada del disco y los videos musicales de este álbum que The Weeknd ha lanzado. Creo que el Abel viejo simboliza el punto en el que se encuentra profesionalmente; es decir, en el lugar de un artista experimentado. También podría representar el punto en el que se encuentra en su vida, maduro e intentando corregir (o por lo menos identificar) conductas dañinas antes de encontrarse frente a las puertas de la muerte.

Este disco es excelente, no me canso de escucharlo y honestamente estoy algo obsesionado con todas sus canciones. El concepto es bastante original, la producción es increíble, las letras son poderosas, las colaboraciones tanto de Tyler como de Weezy, añaden mucho valor al disco y, en mi opinión, consigue todo lo que busca ser. Abel ya comentó en redes sociales que, con Dawn FM, nos encontramos a la mitad de una trilogía musical, lo cual hace mucho sentido, porque este álbum se siente como un paso más en dirección hacia un nuevo universo sonoro, pero a la vez funciona perfectamente por su cuenta. The Weeknd no es el mismo artista que conocimos en 2011 y quizá nunca vuelva a hacer canciones con el mismo sonido que en “Wicked Games”, “Loft Music”, o incluso “Heartless”, pero, si me preguntas a mí, no puedo esperar por ver qué sigue en su carrera musical.


Canciones favoritas: "Is There Someone Else", "Starry Eyes", "Gasoline", "Less Than Zero"

Menos preferidas: "Sacrifice", "Don't Break My Heart"

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