• Mathias Ball Escamilla

Deftones: últimas palabras y emociones

Actualizado: ene 3

El 25 de septiembre, cuando Deftones lance su nuevo álbum Ohms, habrán pasado 1632 días desde el estreno de su último disco, Gore, en el 2016 (para quienes no sepan, Deftones es una banda gringa que toca metal alternativo con una estética onírica). Como durante un mes tras el lanzamiento de Gore estuve obsesionado con la banda, antes de regresar a un estado neutro. Pero con Ohms asomándose en el horizonte, volví a obsesionarme un poco y pensé que sería un buen momento para escribir al respecto. Inicialmente se me había ocurrido hacer un ranking de toda su discografía, pero me pareció una hazaña imposible tomando en cuenta las condiciones (la idea se me ocurrió dos días antes de mi fecha de entrega). Así que, considerando que el sencillo que sacaron, también titulado “Ohms” (que está chingonsísima), es el cierre del álbum, decidí hacer un ranking de sus cierres.


Evaluaré las canciones basándome en tres criterios: 1) qué tanto me gusta la canción, 2) qué tan bien funciona como cierre y 3) cómo se compara con el resto del álbum —es decir, si dentro de la identidad del disco logra sobresalir—. Y claro, cabe remarcar que todo esto es meramente mi humilde y sesgada opinión. Comencemos, pues.


8. “MX” - Around the Fur (1997)

Around the Fur fue el primer gran éxito de Deftones, y gracias a los sencillos “My Own Summer (Shove It)” y “Be Quiet and Drive (Far Away)” obtuvo la certificación dorada de la Recording Industry Association of America (500’000 unidades vendidas). Pero más allá de “Be Quiet and Drive” y dos otras canciones, el álbum me parece aburrido, ya que todas las canciones tienen un ritmo y una estilo demasiado similares. “MX” no es la excepción, ya que a pesar de una textura sonora interesante aportada por Frank Delgado (el futuro tecladista de la banda), en todos los demás sentidos es más de lo mismo. Cuando termina, lo hace casi sin ceremonia, y sólo el silencio que sigue es indicación de que el álbum ya acabó (bueno, realmente el álbum no ha acabado: “MX” forma parte de una pista de 32 minutos que también incluye “Bong Hit” [literalmente eso, por unos 30 segundos] y una canción final llamada “Damone”, pero tomando en cuenta que la versión en vinilo las omite, considero “MX” el cierre).


7. “Fireal” - Adrenaline (1995)

El caso de Adrenaline es similar al de Around the Fur: realmente no me gusta mucho. Quizás más que su sucesor, el debut de la banda también es monótono: el tono de las guitarras, el ritmo de la batería, la voz de Chino Moreno, la estructura e intención de las composiciones; si escuchas una de las canciones, prácticamente ya escuchaste todo Adrenaline. En parte todo eso también aplica para el cierre, “Fireal” (que técnicamente tampoco es la última canción del disco, porque hay una hidden track, “Fist”, pero mi lista, mis reglas). El principio lento es poco interesante y la segunda sección pesada ya la escuchaste siete u ocho veces en la media hora anterior, pero la segunda mitad de la canción es realmente efectiva por la manera en la que combinan la agresividad de la música con la voz sosegada y etérea de Moreno. No es nada tremendamente especial cuando tomas en cuenta el resto de la discografía de Deftones, pero cada que termina la canción, bajo la mirada a mi pantalla y pienso “wow, no puedo creer que pasaron seis minutos y medio”; como toda buena canción “larga”, altera tu percepción del tiempo, y logra cerrar un álbum insulso de forma agradable.


6. “Moana” - Deftones (2003)

El álbum homónimo de la banda fue el primero que escuché (¡hace ya más de diez años!) y realmente no me gustó en lo absoluto. Deftones básicamente era demasiado extraño para mí en ese momento, ya que mi único acercamiento al metal era Slipknot, quienes eran agresivos de una forma muy directa. “¿Por qué hay teclados ambientales en mi metal?, ¿dónde está el doble pedal?, ¿por qué esa guitarra suena como un sintetizador?” eran preguntas que me hacía frecuentemente escuchando el disco; eventualmente dejé de preguntármelo. Recientemente he revisitado Deftones y ahora opino que es un muy buen disco, es extraño y un poco incomprendido. Estilísticamente está por todas partes, pero al final todo termina sintiéndose parte de una unidad hermética y orgánica. “Moana” es de las canciones más tradicionales y de las pocas que me gustan desde ese primer acercamiento. Las guitarras son brillantes, con un efecto sonoro similar al sonido característico del shoegaze; la batería es clásica Abe Cunningham, pero no de sus momentos más memorables; y Chino Morena atina con un desempeño vocal de diez. Pero eso es todo, es una buena canción de Deftones y ya. No hay nada más que decir.


5. “Rubicon” - Gore (2016)

Mi relación con Gore es el caso contrario a mi relación con Deftones. Me obsesioné con él cuando salió —de hecho revivió mi interés general por la banda— pero ahora no creo que sea nada demasiado especial, con excepción de algunas canciones. Básicamente, la primera mitad y cacho de Gore no alcanza ningún pico de agresión notable ni algún valle de serenidad, pero las últimas cuatro canciones son una maravilla en ambos sentidos. “Rubicon” no es la más matizada, pero lo compensa con el sentimiento poderoso de catarsis que emite, principalmente por medio de la voz y las guitarras (la batería, desafortunadamente, se encuentra enterrada en la mezcla). “Rubicon” suena a un triunfo, como rayos de luz penetrando las nubes grises cuando pensabas que nunca más verías el sol.


4. “Pink Maggit” - White Pony (2000)

White Pony es el momento en el que Deftones realmente se convierte en Deftones; agarraron el estilo único de nu metal que tocaron en sus primeros dos discos e incrementaron sustancialmente el nivel de experimentación que ya había en su música. Canciones estilísticamente similares a sus primeros álbumes se sienten mejor realizadas (“Feiticeira”, “Street Carp”) y además engendraron canciones agresivas de una nueva índole (la brutal “Elite”, con la cual ganaron un Grammy, o “Change (In the House of Flies)”, que se siente como predecesora de canciones futuras de la banda, como “Moana”); estas composiciones conviven en armonía con otras más experimentales como la fantasmagórica y elegante “Digital Bath” o “Teenager”, con su fusión de guitarra acústica y un beat de trip-hop. El álbum cierra con “Pink Maggit”, la canción más larga de la banda, que comienza con dos minutos de Moreno cantando, atormentado, sobre la guitarra distorsionada de Stef Carpenter, antes de que el resto de la banda se una. Es una canción lenta, repetitiva al punto de ser hipnótica y captura de una forma extraña la cualidad del sueño que caracterizaría a gran parte de la música de Deftones en los siguientes 20 años. Cada sueño es distinto, y “Pink Maggit”, particularmente, es como un sueño en el que intentas nadar a la superficie de un lago de concreto líquido.


3. “What Happened to You?” - Koi no Yokan (2012)

Compré Koi no Yokan cuando salió, más por compromiso con la banda (¿qué estaba pensando? no es como si los conociera) que por interés genuino y, aunque el título (seguramente lo reconocen, es una de esas frases intraducibles que se comparten con frecuencia en redes; según la BBC, koi no yokan es “la sensación al conocer a alguien de que inevitablemente te enamorarás de él o ella”) y la portada parecían prometedores, la música realmente no me causó gran impresión. Como seguro ya están suponiendo: sí, eso cambió con el tiempo, pero sigo opinando que la segunda mitad del disco es demasiado pesada, demasiado laboriosa para el escucha, tan es así que apenas el año pasado tuve la fortaleza mental para escuchar todo el disco y terminar con la capacidad suficiente para apreciar el cierre. “What Happened to You?” es una bocanada revitalizante de aire fresco, necesaria después de las canciones lentas, densas o trilladas que la preceden. En términos de sonido, es la única canción del disco que me transmite el sentimiento de alegría desenfrenada que asocio con koi no yokan —la sensación— ; se siente como volar. ¿Se siente como volar?


2. “This Place Is Death” - Diamond Eyes (2010)

El sexto álbum de Deftones originalmente hubiera sido Eros, pero tras el accidente que dejó en un coma al bajista de la banda, Chi Cheng, a finales del 2008, decidieron poner el proyecto en pausa e iniciar de cero, con su amigo Sergio Vega supliendo a Cheng. El resultado fue Diamond Eyes, el álbum más breve y conciso que han sacado. Yo amo Diamond Eyes, fue mi introducción a la magia de la banda, y a veces pienso que es mi disco favorito suyo (pero no lo es). Más que cualquier otro disco hasta el lanzamiento de Gore, Diamond Eyes tiene una esencia muy marcada que se siente en cada una de sus once canciones. Las más sobresalientes del álbum —“Beauty School”, “Rocket Skates” y “Sextape”— se alejan un poco de ella, creando su propio nicho particular dentro del sonido de Diamond Eyes, con una excepción: “This Place Is Death”, se dedica completamente a ella y se convierte en su máxima expresión. Como siempre, la voz de Moreno es lo primero en captar la atención, etérea y gentil, pero todos los instrumentos brillan de formas increíbles y completamente distintas: las guitarras se encuentran completamente en la periferia sonora, como el aura de la canción; el bajo le da su cuerpo, como oro líquido; y la batería de Cunningham, que brilla casi como una estrella en la sección final, le otorga una rigidez exquisita, marcando su camino, por medio de su ataque percutivo, preciso y angular.


1. “Rivère” - Saturday Night Wrist (2006)

“Rivère” es mi cierre favorito de Deftones; también es mi canción favorita suya en general. Saturday Night Wrist, además, es mi álbum favorito suyo, aunque a veces piense que no lo es. Hay algo único en estas doce canciones, donde Deftones logra capturar la esencia primordial de los sueños de una manera hermosísima. “Rivère” narra un encuentro con una bruja del bosque, y la música crea un ambiente sonoro perfecto para esa fantasía. La canción empieza sólo con una guitarra, ligera como una neblina mágica, y el canturreo angelical de Moreno; luego se unen un bajo sólido, como una colina pequeña alumbrada por un sol tenue, invitando a que te acuestes un rato, y una guitarra distorsionada pero sutil; todo permanece como un ensueño. La canción explota cuando entra la batería pero el sueño continúa, te adentras más en lo etéreo y, durante el resto de la canción, lo único que sientes es éxtasis.





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