• Mathias Ball Escamilla

El nuevo evangelio según Juan: el anonimato del martirio

“This right here is an album about professional wrestling” [1].

Ésa es la leyenda en la estampa que adorna la envoltura plástica de los CDs y LPs de Beat the Champ (2015) de The Mountain Goats; es la idea que transmite la genial ilustración de Leela Corman plasmada en la portada; es la frase con la que John Darnielle —líder y compositor principal de la banda— comienza el breve texto incluido en el booklet en el que recuenta su relación personal con la lucha libre. Algo de cierto debe de tener, entonces; y sí: Beat the Champ innegablemente es un álbum sobre lucha libre profesional. Pero es una declaración engañosa, porque las canciones del álbum tratan sobre mucho más que sólo hazañas y fechorías cometidas dentro del cuadrilátero. Con un elenco variado de personajes, una dosis típica de autobiografía honesta y una maestría de la narrativa musicalizada, Darnielle teje historias sobre alegrías y dolencias humanas a lo largo de trece geniales canciones sobre —ya se la saben— lucha libre profesional.

La introducción de Darnielle es un elemento paratextual vital para comprender y apreciar Beat the Champ de la forma más completa —incluso se me ocurre que deberían incluir un audio de Darnielle leyendo el texto para la versión digital del álbum, si es que no viene con un PDF del booklet; así de necesaria me parece—. En él explica de forma concisa la situación de la lucha libre estadounidense durante su infancia —un espectáculo por y para la clase trabajadora, limitado a territorios regionales; sus actores famosos sólo de forma local, figuras anónimas más allá de las fronteras de sus reinos— y dilucida la naturaleza personal de su amor por la lucha libre profesional, atravesada por su relación con su padrastro abusivo. Mientras que Darnielle apoyaba de forma casi fanática a los técnicos, su padrastro respaldaba a los rudos. Intuyo que, para el joven Darnielle, cada enfrentamiento entre técnicos y rudos era una suerte de guerra subsidiaria entre su padrastro y él, sin la dinámica sesgada de poder que existía en su relación: “These were comic-book heroes who existed in physical space. I was a child. I needed them, and, every week, they came through for me” [2].

Es por este amor de la infancia y el respeto que se engendró con la distancia que Beat the Champ, en ser un álbum sobre lucha libre profesional, es un tributo a quienes suben al cuadrilátero en mallas de color para pelear por sus sueño y un sueldo. Algunas de las canciones del álbum son narraciones sombrías de la lucha; otras tratan sobre luchadores reales y cuentan su vida o un episodio específico de ella; en las demás, Darnielle construye una viñeta alrededor de un elemento de la lucha libre. Las canciones varían estilísticamente, sin abandonar el ámbito del rock, lo cual crea una experiencia adecuada a la variedad de historias que Darnielle nos relata. La música de cada canción complementa la temática narrativa de forma encantadora. Cada una de las canciones de Beat the Champ amerita atención, cada una es una gema hermosa labrada con amor, pero para este texto quiero dedicarme sólo a dos: “Southwestern Territory”, la primera pista, y “Hair Match”, el cierre.

“Southwestern Territory” es una meditación melancólica desde el punto de vista de un luchador desconocido, en la que recuenta su vida, sus sueños y fracasos. Se encuentra estancado: su carrera como luchador no sólo no pasará del anonimato de la escena local, sino que ni siquiera le suscita pasión más allá de unos momentos de arrebato violento ya dentro del cuadrilátero; el resto del tiempo está solo y desmotivado. El coro ofrece un momento de esperanza que se esfuma casi tan pronto aparece:

climb the turnbuckle high

take two falls out of three

blackout for local TV

Mientras el narrador se encuentra escalando los tensores en una esquina del ring, todo es posible. Ésta podría ser la noche en la que cambia el rumbo de su vida, en la que sujeta la victoria con ambas manos y no la suelta hasta llegar a la gloria. Pero no es el resultado escrito en las estrellas —ni el guion—: su destino es perder dos de los tres rounds y quedar noqueado para el entretenimiento del diminuto público sintonizando el canal local, hasta que el cuerpo o la mente se rindan. No recuerda su vida antes de la lucha, así que no hay vida pasada a la cual regresar. “Southwestern Territory” es una pieza tranquila cuyo centro es la voz de Darnielle, directa y tímida, casi derrotada, como el personaje que está interpretando. Un piano brillante y a la vez triste ancla la canción, y dos clarinetes juguetones tocan armonías azules como adorno de la voz, agregándole complejidad melódica a un asunto relativamente simple. Tras el último coro, entran la batería y el bajo para prestarle fuerza al cierre ante la ausencia de la voz.

Tanto musical como temáticamente, “Hair Match” es una composición complementaria de “Southwestern Territory”, una suerte de sucesor espiritual. No comparten la misma estructura, pero “Hair Match” mantiene la economía instrumental de la primera canción: intercambia el piano por la guitarra y se deshace de la intervención del bajo y la batería, pero mantiene la presencia poderosa del clarinete y el estilo vocal narrativo, aunque la intención es distinta, debido a las características narrativas de la canción. No hay hilo narrativo en Beat the Champ —cada canción es una viñeta hermética, una unidad narrativa autónoma— así que “Hair Match” no retoma la historia del protagonista de “Southwestern Territory”; sin embargo, al emplear el mismo tipo de personaje (el luchador anónimo y derrotado) la canción le otorga cierre a la narrativa general de Beat the Champ. Visto desde la perspectiva de un empleado de la arena, la canción narra el desenlace de una lucha de apuesta en la que el luchador derrotado pierde su cabellera. Todos los presentes interpretan sus papeles para la ceremonia: sientan al luchador en una silla plegable, dos hombres lo sujetan para que se quede quieto, con una rasuradora eléctrica barata lo despojan de su dignidad. En el instante antes del acto, el narrador declara haber amado al luchador antes de siquiera saber qué era el amor (“I loved you before I even ever knew what love was like”). Y después, nada. El luchador vencido sale de la arena y, después de admirar las estrellas, baja la vista hacia todos las carcachas en el estacionamiento: la gloria mundana.

A pesar de contar con canciones sobre luchadores célebres, Beat the Champ es, realmente, sobre tipos como los protagonistas de “Southwestern Territory” y “Hair Match”, luchadores desilusionados que entran al cuadrilátero a ganarse el pan de cada día, aferrándose a la esperanza de algún día hacerla en grande, y que, a pesar de ser personajes anónimos en el condado aledaño, son el héroe de algún chaval que va a la arena cada semana. Éstos son los tipos de personaje a los que John Darnielle le encanta dar vida; es decir, a la gente marginada, a sus fracasos, a las personas desconocidas, aunque siempre con cuidado y con cariño. Incluso tiene una canción sobre una zarigüeya.


[1] "Éste de aquí es un álbum sobre lucha libre profesional".

[2] "Éstos eran héroes de cómics que existían en un espacio físico. Yo era un niño. Los necesitaba y, cada fin de semana, ellos salían adelante por mí".




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