Los 50 álbumes favoritos de Cluster 2010-2019, parte 2

Actualizado: 26 de may de 2020


Falling in Reverse // The Drug In Me Is You (2011)

por Luis Casillas

Hay dos tipos de personas en el mundo: los que consideran a Ronnie Radke uno de los vocalistas más talentosos de la década, y los que no han escuchado de él. Frontman anterior de Escape The Fate, Radke pasó dos años en la cárcel, encerrado y expulsado de su banda, escribió el disco que marcaría el inicio de una de las bandas más ambiciosas y rompe-géneros de la década. Rock-pop, post-hardcore, metalcore, punk, realmente es difícil describir este álbum. Simplemente, puedo decir que, si quiere introducir a alguien al espectro de géneros anteriormente mencionado, pocas opciones tan buenas como este disco.


Battles // Gloss Drop (2011)

por Alex Ramírez

La partida del vocalista Tyondai Braxton en el 2010 significó la apertura de un nuevo horizonte para Battles. Como Denzel Washington en Flight, la agrupación de Nueva York no le tuvo miedo al éxito y se metió otra línea mientras piloteaba el avión que iba directo contra una montaña de helado chicloso. Las guitarras se aceleraron, el bajo se hizo más sexy, los teclados adquirieron una nueva textura dulce y la batería pareció ser poseída por el espíritu de Keith Moon. No estoy completamente convencido de que John Stanier no sea un experimento de la CIA por concebir un soldado que pueda acabar con el Talibán a pura potencia y precisión de sus percusiones. Gloss Drop es un disco que exuda una extraña sensualidad. El contrapunto y los loops se unen en un salivoso beso cuasipornográfico mientras la batería coge detrás de cámaras con un teclado rosa, todo esto atentamente monitoreado por el bajo. Escuchar de corrido este disco se siente como estar en una rave caribeña encabezada por Daft Punk en el universo de Blade Runner. Es raro. Es delicioso. Sabe a fresandía. Es Gloss Drop de Battles.


Red Hot Chili Peppers // I’m With You (2011)

por Clara Hoffmann de Buen

Cinco años después de Stadium Arcadium y la despedida de John Frusciante, los Red Hot Chili Peppers sacaron I’m With You con su nuevo guitarrista —que ahora es antiguo, ya que curiosamente volvió John al conjunto—. Mi extraño amor por este álbum coincide con un momentáneo interés por tocar el bajo, una coincidencia algo obvia ya que Flea, bajista del conjunto, es… pues… Flea. Aún así, dejando mi profunda admiración de lado, I´m With You es, en mi opinión, el mejor álbum de los Red Hot Chili Peppers. Aunque es ligeramente similar a Stadium Arcadium, I’m With You es una obra mucho más coherente. Las canciones combinan entre sí, tiene un inicio y un fin lógico, y al escucharlo es fácil percibirlo como una obra completa. Aunque excluye aspectos que caracterizaban a los Red Hot Chili Peppers al inicio, como la técnica “slap” de Flea o las ocurrencias líricas de Anthony Kieds, I’m With You parece la combinación perfecta del talento de cada miembro y resulta en un álbum excelente.


The Appleseed Cast // Illumination Ritual (2013)

por Mathias Ball Escamilla

The Appleseed Cast nunca logró alcanzar las alturas a las que llegaron con su álbum doble del 2001 Low Level Owl (volúmenes I y II). Incluso lo mejor de sus próximos lanzamientos carecía de algo que los hiciera álbumes realmente geniales (y lo malo fue realmente terrible). Pero el comienzo de una nueva década parece haber inspirado a la banda. Illumination Ritual es una bocanada de aire fresco, una experiencia completamente revitalizante. Las canciones del álbum tienen una energía increíble y transmiten una sensación potente y reafirmante. La ejecución individual de cada instrumento es excelente, pero el álbum sobresale por la armonía que crean en conjunto: todos los elementos musicales se entrelazan como las ramas de un árbol antiguo, uniendo el cielo y la tierra. La banda nunca había sonado tan centrada, y si éste hubiera sido su último álbum, que por un tiempo parecía probable, habría sido un hermoso regalo de despedida.


Los Espíritus // Caldero (2019)

por Bruno Armendáriz

Esta exquisita mezcolanza de psicodelia y latinidad muestra, quizá, la faceta sonora más agradable y bailable de las angustias difusas y las andanzas ensombrecidas. Desde la primera canción se manifiestan con satisfactoria presencia las percusiones cadenciosas y las guitarras filtradas, para introducir y envolver los oscuro-melancólicos relatos de Maxi Prietto. Son precisamente este tipo de contradicciones las que han forjado, muchas veces, las características preferencias de la música latinoamericana, y vaya que no han perdido su elocuencia ni su fuerza; al contrario, Los Espíritus nos han demostrado con su última entrega que, si existen los fantasmas del recuerdo y de los días amargos, éstos bien pueden ostentar trajes rosas o amarillos y atormentarnos al ritmo de la cumbia.


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