Los 50 álbumes favoritos de Cluster 2010-2019, parte 4

Actualizado: 26 de may de 2020


Joe Bonamassa y Beth Hart // Don’t Explain (2011)

por Bruno Armendáriz

Existen pocas cosas más gratificantes que escuchar buenas interpretaciones de los clásicos del soul y el blues. Así, sin más. Ahora agreguemos a esas grandes canciones una precisa y placentera modernización (sin faltarle al respeto a las versiones originales, claro está): la electrificante guitarra de Joe Bonamassa y la meliflua pero penetrante voz de Beth Hart. El resultado es la sublimación exacta de los desamores y las aflicciones pasionales, y es que esos sentimientos son atemporales, pero algo tienen los desgarros del blues y del soul que se conservan mejor, se añejan de tal manera que se concentran sus sabores y expresiones y culminan en un deleite magnífico o en una tristeza espeluznante. El simple hecho de que un álbum de covers suene tan irónicamente fresco, representa un enorme mérito de producción, casi una hazaña impecable: el acompañamiento de la banda es en todo momento empático con los desplantes emotivos de Hart y Bonamassa, generando un clímax en eterno crescendo. El álbum es, en definitiva, ideal para celebrar a la antigüita las funestas consecuencias del amor, ya sea con una sofisticada balada o con un chillón solo de guitarra.


Beartooth // Disgusting (2014)

por Luis Casillas

Attack Attack! es una de esas bandasque todos recuerdan haber escuchado alguna vez por ahí. Innovadores en el género, fueron de los primeros en meter sintetizadores a música por mucho considerada como pesada, además fueron de los primeros en contar un vocalista que podía combinar sus habilidades de screaming, con su voz limpia de manera impecable. Ese vocalista se llama Caleb Shomo. Después del fin de Attack Attack!, Shomo empezó un nuevo proyecto llamado Beartooth. Un EP donde demostraba una energía que pocas veces podemos ver en bandas actuales le valió para hypear su primer disco al máximo. Disgusting es un álbum prácticamente impecable. Brutales letras y música intensa, movida y muy bien compuesta. Un disco donde todas las canciones valen la pena, si duda se lleva su lugar entre los mejores de la década.


Code Orange // I Am King (2014)

por Mathias Ball Escamilla

Para su segundo álbum, Code Orange tomó los mejores elementos de su debut e hizo todo más agresivo y denso, fusionando todo en un sonido que se volvería identitario. Con I Am King la banda creó un mundo paralelo oscuro y miserable, un refugio de la realidad terrible de la actualidad. Las canciones son más lentas e implacablemente pesadas —no permiten un instante de respiro— y las letras ilustran la sombría perspectiva de la banda que es tan opresiva como la música. Para su próximo disco, Forever (2017), la banda suavizaría los bordes de su sonido, convirtiendo un arma contundente en una con filo; pero Code Orange nunca fue más efectiva que en I Am King, cuando su música era como un bate de béisbol envuelto en alambre de púas.


Calle 13 // MultiViral (2014)

por Mariana Sánchez

La primera vez que escuché el disco sucedió de manera paralela a cambios que estaban ocurriendo en mi forma de pensar; en plena adolescencia, no dispuesta a dejar que mis “superiores” me siguieran diciendo qué hacer, comenzando a visualizar la terrible situación política en mi país y en el resto del mundo, y sintiéndome impotente de que eso existiera. Entonces, comienza a sonar este disco en el coche de mi mamá (una amiga me lo había prestado para pasarlo a mi iPod), con la “Intro – El Viaje” que, muy contrastante con la de su anterior álbum Entren los que quieran, se trata de una corta narración leída por el Subcomandante Galeano (antes conocido como Subcomandante Marcos), en la que habla de la vida como un viaje. A ésta le siguen otras 14 canciones, todas muy distintas pero a la vez tan características de la agrupación, con varios featurings, juegos de palabras en las letras que van tocando desde temas políticos hasta amorosos, pasando por estilos más rockeros, acústicos o folklóricos, casi siempre con una estructura del verso narrado o rapeado por el compositor y líder de la banda (Residente) seguidos por un coro generalmente más melódico. El álbum, en resumen, te lleva por un viaje emocional en el que se muestra una nueva faceta mucho más fría y tranquila de la banda, diferente a la que se habría conocido en álbumes anteriores, pero sin dejar a un lado el tono político, del que no pierden oportunidad de mencionar en ninguna de sus letras. Escuchar este álbum me permitió comenzar a reflexionar sobre el impacto que puede tener la música en la gente y en la sociedad.


Julia Jacklin // Don’t Let the Kids Win (2016)

por Clara Hoffmann de Buen

Mi vida cambió cuando encontré a Julia Jacklin. Don't Let The Kids Win es un álbum de “pop folk y country confesional” -increíble descripción por la artista-, con letras espectaculares. Incluye referencias tremendamente australianas, menciona explícitamente el nombre de las personas a las que se dirige en la canción y no teme exponer inseguridades personales. Es increíble. Julia Jacklin fue mi primer acercamiento hacia un mundo musical, compuesto mayoritariamente por mujeres, en el que las canciones tratan temas cotidianos, conflictos personales y experiencias realistas. La artista dedica una canción en el álbum a un desencuentro religioso, otra a la idea de ser una chica “simple” y si la polaridad temática no resulta tremendamente llamativa, no sé qué será.


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Un cluster musical se define como un acorde en el que se tocan muchas notas seguidas al mismo tiempo, generando un sonido aparentemente caótico e impactante. Nosotros, como un cluster, vibramos en diferentes frecuencias para encontramos en un mismo acorde.

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