• Alex Ramírez

Máscara de Steve Albini


A finales de este mes, Spiderland (1991), el segundo y último disco de Slint, cumplirá tres décadas. Su influencia e importancia en la escena musical de los noventa ya ha sido resaltada por muchas publicaciones en los últimos años. Pese a la renuencia de críticos reconocidos como Robert Christgatu, quien se sigue resistiendo a sus encantos, el álbum es considerado, junto con Hex (1994) de Bark Psychosis, el ápice de los primeros años del post-rock. Sin embargo, este no fue siempre el caso. En su momento, el disco pasó casi desapercibido tanto por la crítica como por el público. Pocos años después, Nirvana llevaría el rock alternativo a una audiencia más comercial y, a partir de ese momento, junto con Mogwai, Godspeed You! Black Emperor y Sigur Rós, continuaron satisfaciendo las necesidades de un público que exigía un rock más largo, imponente, oscuro y reflexivo.

En su momento, uno de los pocos que sí alabó a Spiderland como uno de los discos seminales de la década, fue el mítico productor Steve Albini. En su reseña, Albini predijo correctamente que, con el tiempo, el disco sería recordado como un clásico; que la gente debería apurarse a comprar su copia y ver a Slint en vivo. Para entonces, Albini ya tenía cierto reconocimiento, principalmente por su trabajo con los Pixies en Surfer Rosa (1988), pero también el primer disco de Slint, Tweez (1989), fue producido por Albini, por lo que estaba familiarizado con la banda. Tal vez el haber trabajado con Slint sesgó su opinión a favor de Spiderland, pero esto no quita que su predicción haya sido correcta y que, con el paso de los años, el disco recibiría el reconocimiento que tanto merece.


Ahora quiero disfrazarme de Albini y escupirle tanto a la industria musical como a los críticos por haber enterrado uno de los mejores discos del siglo. Ya se ha dicho suficiente de Spiderland: es una obra espectacular de la que me gustaría escribir a profundidad en otra ocasión, pero ¿cuántos otros discos no tuvieron un Steve Albini que los defendiera ante la frialdad del público y el desdén de la crítica? Qué ingenuamente capitalista sería pensar que los mejores discos son los que más se escuchan; esta idea de “the cream rises to the top”, como si no hubiese un mecanismo complejo, engranado por dinero y estatus, que se encarga de discriminar lo que se escucha. Pero ya, suficiente. Tampoco quiero ensuciar el texto con crítica marxista; eso se lo dejo al Bruno.

Continúo. Body Faucet (2012) es uno de los mejores discos de los últimos veinte años. El debut de Reptar salió en mayo del 2012 y la recepción fue… poco positiva. NME lo llamó “ridículo e irrespetuoso”, Pitchfork lo acusó de ser “un intento desesperado por llamar la atención que termina por ser vergonzoso” y The Guardian dijo que a la banda le faltó “convicción” y que el disco es un “desastre incoherente”. Difiero amablemente con las opiniones de estas publicaciones en cuanto a la obra de Reptar (en esta última oración originalmente insultaba agresivamente a las críticas anteriormente mencionadas, pero, dado que en Cluster la comunicación no-violenta es un valor esencial de la curaduría editorial, tuve que contener mi lengua... eso y que Bruno no me dejó). Es complicado recalcar lo equivocadas que están estas críticas y lo bueno que es el álbum, ya que mucho del lenguaje que usaron para criticarlo es muy similar al que yo usaría para elogiarlo. Lo llaman “inconexo y sin forma” cuando, desde la portada, el disco intencionalmente busca ser inconexo y sin forma. Es un disco insoportablemente divertido, policromático, saturado de trompetas y guitarras, que constantemente logra abordar temas incómodos de una manera ridícula y relajada. Si en un extremo del espectro emocional está el apocalípticamente depresivo Spiderland, en el otro está Body Faucet, Bob Esponja y Calamardo.

Al final, una de las cosas que intentamos hacer en Cluster es visibilizar a artistas que no necesariamente van a llenar el Estadio Azteca, pero que sí logran conectar con nosotros de una manera significativa. Hay algo extraño en mi enojo por la falta de reconocimiento de Reptar y Body Faucet, pero esas preguntas se las dejo a mi terapeuta. Puede que “objetivamente” (si es que eso existe cuando se habla de música) el disco no sea tan bueno; puede que incluso sea tan terrible como dicen esos villanos de NME, Pitchfork y The Guardian, pero no creo que este sea el caso. Desde lo más profundo de mi ser, creo que la cagaron y que una de las bandas más creativas de los últimos años ha sido menospreciada. Body Faucet es precioso y ojalá reciba eventualmente el reconocimiento que merece.


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Un cluster musical se define como un acorde en el que se tocan muchas notas seguidas al mismo tiempo, generando un sonido aparentemente caótico e impactante. Nosotros, como un cluster, vibramos en diferentes frecuencias para encontramos en un mismo acorde.

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