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Once Twice Melody - Beach House

Actualizado: 1 jul 2022


*usamos una escala del 1 al 7 para calificar nuestras reseñas

Beach House regresa a nuestros oídos con Once Twice Melody, su octavo álbum de estudio, un lanzamiento repleto de sonidos nostálgicos y entrañables y letras capaces de llegar a cualquier corazón. Victoria Legrand y Alex Scally, las mentes maestras detrás del proyecto, dosificaron su nueva entrega en cuatro episodios cargados de dream pop, que lanzaron de forma mensual comenzando en noviembre y culminando el 18 de febrero. Secuenciadores, drum machines, notas perfectamente calculadas por Scally, y la rica voz contralto de Victoria acompañan cada una de las dieciocho canciones —quizá en honor a sus dieciocho años de carrera musical—. La dupla de Baltimore demuestra una vez más el asombroso poder de hipnosis que es capaz de generar.

Después de cuatro años de ausencia, el dúo se encargó de armar una perfecta receta musical con ingredientes frescos, condimentos selectos y lenta cocción a fuego bajo. Once Twice Melody es, hasta ahora, el producto artístico más ambicioso que hemos tenido el honor de escuchar; reúne y condensa su estilo único al tiempo que expande sus posibilidades multifacéticas más allá de las ya amplias fronteras de su sonido. El característico mundo sonoro de Beach House se conforma por la simplicidad de sus recursos musicales: siempre con una sencilla armonía hilada por la voz de Victoria, con una melodía en perfecta sincronía: precisa y permitiendo espacio instrumental, a manera de “respiro”. La voz siempre tan reverberante que entreteje a los sintetizadores y las guitarras de Scally me provocan cierta sensación hipnótica, misma que ha prevalecido a lo largo de sus álbumes pasados, y acentúan en su nuevo álbum. Siempre mantienen en sus delicadas mezclas una ambiencia que coloca al escucha en un lugar etéreo y amplio. Además, Beach House logra un sonido “nostálgico” a través de instrumentos específicos , como el Yamaha PS-20, las cajas de ritmos setenteras, y el efecto chorus en la guitarra de Alex. El dúo ha conseguido revivir timbres pasados, evocando sutilmente el rock psicodélico de Cocteau Twins y The Zombies.

El imaginario sonoro de Beach House se ha desarrollado con la increíble habilidad colaborativa de la dupla de dream pop desde sus comienzos en el 2004, quienes han consagrado una voz excepcional en su creación artística. Como una pareja perfectamente sincronizada que pedalea en un tándem, Legrand y Scally han alcanzado una creatividad colaborativa impresionante al llevar recursos musicales simples a su máxima potencia en cuestión de producción y desarrollo. En ese sentido, la música de Beach House, vista a través de una gran lupa, comprende de un ritmo fijo a través de una caja de ritmos setentera, inercia a cargo de un arpegiador, colores armónicos por medio de sintetizadores y ocasionales rasgueos en la guitarra, con la conmovedora voz de Victoria, ni más ni menos.

Mi experiencia de escucha de Once Twice Melody fue parecida a subir a una montaña rusa, conducir sobre una sinuosa carretera, flotar sobre la marea acapulqueña, o surfear en las olas del COVID-19. Una representación gráfico-visual se vería algo así:


Beach House repartió múltiples emociones a lo largo de los cuatro meses que transcurrieron desde el lanzamiento del primer capítulo del álbum. La primer entrega, como lo demuestra mi complejísimo diagrama, me hizo sentir una gran brisa desde mi tabla de surf; tras años de ausencia, el distintivo sonido del dúo me emocionó mucho, específicamente la canción homónima del disco y “Pink Funeral”, en las que incorporan bellos arreglos cordales junto al famosísimo Omnichord (un instrumento ochentero en forma de nave espacial, capaz de arpegiar cualquier acorde deseado). El segundo capítulo lo situé en el nivel de marea guanga porque, a excepción de “Runaway” —repleta de sintetizadores y con la voz en vocoder de Legrand— las demás pistas no aportan nada notable. El segundo capítulo nos ofrece agradables sonidos, aunque a mi parecer resulta reiterativo y prolongado, cuando esperaba escuchar algo contrastante al primer capítulo. Su tercer reparto de canciones llegó con máxima frescura, un respiro muy necesario a principios de año a cargo de “Sunset”, poblada por rasgueos guitarrísticos de Scally y Legrand, que cantan muy espaciadamente un poema bucólico. Disfruté también “Illusion of Forever”, canción que se encargó de encaminarnos al punto climático del álbum.

El cuarto capítulo es, a mi parecer, el más conmovedor y nostálgico, pues me recordó a su trabajo anterior en Teen Dream (2010) y Bloom (2012); los sintetizadores retro y órganos eléctricos en combinación con los arpegios de guitarra me revivieron el mismo sentir de hace diez años. Este retorno al pasado no se queda sólo dentro de la discografía, ya que “Hurts to Love” me trajo a la mente “Words” de F.R. David, la cual siempre ha sido significativa para mí. Específicamente el coro mantiene una progresión muy similar, y las letras refieren a la incertidumbre amorosa. Fue ese combo de nostalgia el que me hizo sentir en la ola emocional más gigante. El episodio final es valioso por su sentido musical tan ligero y tierno que evoca todos sus álbumes; son elementos inherentes a su música presentes en las raíces más profundas de su discografía.

Victoria Legrand y Alex Scally son el perfecto dúo dinámico. Bastó reunirse con un órgano Farfisa, una caja de ritmos, un lápiz y un papel para hacer música inolvidable. Han demostrado, a lo largo de casi dos décadas, el perfecto engranaje de sus ideas musicales, razón de su estilo tan propio. Once Twice Melody me parece no sólo el resultado de sus dieciocho años de labor en conjunto, sino también un conmovedor homenaje a su trayectoria, un álbum donde relucen y unifican sus pasadas experiencias sonoras de forma brillante e hipnótica.


Canciones favoritas: "Hurts to Love", "Sunset", "Pink Love"

Menos preferidas: "Over and Over", "ESP"



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