• Clara Hoffmann

Un huequito.

La primera canción que me dedicaron en toda mi vida fue “Down” de Jay Sean y la odio. Tenía muy pocos años y salía con mi primer novio de primaria; una relación caracterizada por papelitos en clases de matemáticas y más invitaciones a jugar gotcha de las que me siento cómoda admitiendo. No sé qué es de él ahora, espero esté bien, ha sido responsable de varias historias que ahora cuento para que mis amigos rían y por eso siempre estaré ligeramente agradecida. Lo que sí sé, es que él representa un largo desencuentro con el acto de dedicar canciones.


“What Makes You Beautiful” me recordará a mi amiga Andrea por siempre. Mi amor por One Direction siempre ha sido público y orgulloso; entonces no era extraño que algún pretendiente de la niñez o la adolescencia pensara que la mejor forma de llamar mi atención era dedicándome la canción más escuchada de una de las bandas más famosas de la década del 2010. Pero Andrea era mi amiga y en un momento de inseguridad y poco amor propio, intentó hacerme sentir mejor diciéndome que esa canción era para mí. No lo era, la verdad. Se volvió suya; “What Makes You Beautiful” siempre será de Andrea.


La primera persona que implicó algo importante para mi corazoncito, me dedicó “She’s a Rainbow” de los Rolling Stones. Soy fan de pocas canciones de los Rolling Stones, pero ésa me parece particularmente odiosa. En su momento, me hizo sentir la persona más especial del planeta —¿cómo crees que la persona que me gusta me ve lindo en todos los colores?—, pero el cambio de opinión llegó rápido. Es una canción que aunque me hacía sentir especial, también me hacía esforzarme por escucharla. Quizá, esa fue una premonición de mi primer corazón roto. Ahora, aunque no es una canción que frecuento, reacciono a ella como si el simple acto de escucharla me quemara. Él la pensó para mí, pero “She’s a Rainbow” siempre será suya.


Mariana me dedicó “Drops of Jupiter” un día que me encontraba al borde del llanto y necesité su ayuda. Por mucho tiempo intenté hacer lo mismo que hacían las personas a mi alrededor y aquella fue la primera vez que admití ser incapaz de seguirle el ritmo a mis amigos. La única versión que tengo de “hermana mayor” es mi prima Mariana, y pensar que soy mágica a sus ojos es algo que aprecio muchísimo, a pesar de mi desinterés hacia Train. Aun así, puedo escuchar “Drops of Jupiter” sólo cuando me siento merecedora de ella, que tristemente no es tan seguido. Siempre sonará en mi cabeza acompañada por la voz de Mariana, así que aún si ella concibió la canción como mía, esa canción será siempre suya.


Creo que dedicar canciones es egoísta. La dedicatoria será una canción inevitablemente perdida, o querida, o evitada, o buscada, pero, al fin, será una canción que pesa. Dedicar una canción es dedicar un pensamiento, es asegurar que el otro te contemple en el sonido. Es adueñarte de un huequito sonoro.


Les dedico estas canciones.





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