Otro discurso

Actualizado: feb 13

El otro día, navegando por la web, me encontré con una transmisión en vivo en la que entrevistaban a diez bateristas mujeres. Me alegré porque yo soy baterista y podía mandar preguntas y dudas. Conforme la entrevista avanzaba todo se fue tornando incómodo y noté que las músicas no se veían muy emocionadas, pues llevaban casi dos horas hablando de lo que es ser mujer en la industria de la música. Me pareció interesante que, al ser un tema tan relevante y tomando en cuenta las circunstancias actuales del mundo, generara incomodidad y hasta cierta “pereza”, como si fuera la milésima vez que hablaban de eso.

Me llevó a pensar que es momento de cambiar el discurso, puesto que nos han preguntado demasiado sobre el papel de la mujer en la música: implícitamente sabemos que sí, que es difícil, que se nos ha discriminado y hecho menos durante años, que nos pagan menos que a los hombres y que nos hacen “cumplidos” idiotas, tipo “tocas como hombre”. Las mujeres y los hombres ya sabemos todo eso.

Yo, que estoy involucrada al máximo con el papel de la mujer dentro de la música, he procurado no sólo leer e informarme, sino ser testigo de cómo se percibe esto dentro de la escena para así tratar de innovar y, quizá, en algún punto cambiar la manera de abordarlo. He observado que, en efecto, ha habido avances, pero también es innegable que la idea de que “ya hay más mujeres” ha estancado, mediante un conformismo peligroso, al ligero progreso. Junto con este fenómeno suceden las preguntas comunes: “¿Qué se siente estar rodeada de puros hombres?”, “¿cómo es ser mujer en el mundo musical?”

Hay que dar el siguiente paso: ¡basta de hacer entrevistas donde se visibilice únicamente nuestra condición de mujeres! Si nos entrevistan, que sea para mostrar y hablar de nuestro trabajo y nuestro proceso, para compartir nuestras influencias y técnicas, para saber qué pensamos y cómo vivimos la música, para contar por qué nos gusta y nos dedicamos a esto, para saber si hubo problemas —ajenos al género— para llegar a donde estamos; pues tanto a hombres como a mujeres nos ha costado trabajo y esfuerzo emprender una carrera artística —aunque a unos más que a otros—.



Permitir que la música hable por nosotras también:


El foco de atención debe ser hacia nuestro trabajo y lo que podemos aportar a las viejas y nuevas generaciones. Lo fundamental es visibilizar el hecho de que fue mediante nuestro esfuerzo y estudio que conseguimos posicionarnos y convertirnos en profesionales. Se nos debe permitir expresarnos desde una perspectiva igualitaria y equitativa donde el factor del género ya no sea lo más relevante de nosotras.

He vivido en carne propia lo que significa que se acerquen a ti por tu trabajo, y es increíble tener la sensación de que confían en lo que haces. Yo sentí, particularmente en aquella ocasión, que la gente estaba al tanto de mí y la entrevista se llevaba a cabo por los conocimientos que muestro tener, independientemente de que soy mujer. En ningún momento se me cuestionó por ser de las pocas bateristas de free jazz en México; las preguntas giraban en torno a mi manera de abordar la música y creo que todas merecemos eso: respeto y valoración a nuestro arte viéndonos como iguales.

No se trata de hacer menos el problema, sino de enfrentarlo de una manera distinta. Hasta la fecha, nunca veo entrevistas donde a los hombres se les cuestione por su género, y creo que es tiempo de abrir espacios donde, con naturalidad y certeza, deje de ser extraño que haya una mujer. Es tiempo de abrir espacios donde se nos aborde igual que a un hombre respecto a nuestro trabajo y se nos hagan las mismas preguntas: hablemos sobre nuestra profesión sin que ésta sea opacada por la condición, únicamente, de ser mujer.

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