I've Seen All I Need to See (2021) - The Body

Actualizado: jun 3


La misión musical de The Body —agrupación conformada por Chip King (voz, guitarra) y Lee Buford (batería)— siempre ha sido transmitir sentimientos terribles: angustia, pavor, neurosis, asco, melancolía, desesperanza. No sorprende, entonces, que comenzaron como una banda de doom metal, una rama del metal extremo conocida por su atmósfera negativa y aplastante, creada a partir de riffs de guitarra graves y gruesos, junto con ritmos lentos. Sin embargo, las herramientas que les proporcionó el doom pronto demostraron ser insuficientes. Poco después, esas herramientas demostraron más bien ser lastres. En el 2014, la banda lanzó el álbum más importante de su carrera, I Shall Die Here, una deconstrucción del doom que los libró de las convenciones formales del género y les permitió continuar con su misión con libertad y una vitalidad restaurada. Cada uno de sus lanzamientos desde entonces muestra de forma magistral la fuerza proteica que es The Body: desde No One Deserves Happiness (2016), el álbum de pop más grotesco de la historia, pasando por I Have Fought Against It, but I Can’t Any Longer (2018), una exploración de la melancolía y la depresión creada a partir de samples de la discografía de la banda, y culminando (por el momento) en su álbum más reciente, I’ve Seen All I Need to See (2021).

El aspecto que inmediatamente distingue a I’ve Seen All I Need to See de los demás álbumes de The Body (y de los de otras bandas) es su dedicación total al ruido; más que un homenaje, es una rendición, y el resultado es una experiencia tan estimulante como agotadora. Prácticamente cada elemento del álbum se ha deformado de una forma obscena, empapado de distorsión o reverb a tal grado que las notas de la guitarra de Chip King pierden su identidad y los tambores de Lee Buford parecen, por momentos, más un instrumento de tortura que un instrumento musical. Esta visión requirió un replanteamiento de su música: limitaron sus composiciones a lo más básico, con el menor número de elementos, y dejaron a un lado los ritmos movidos, casi bailables, que habían implementado en ciertas canciones de sus últimos dos lanzamientos; todo con el afán de no saturar de más al escucha. Además, excluyeron todo elemento melódico, lo cual implica la ausencia de voces cantadas, que habían sido un elemento importante en sus últimos dos álbumes.

I’ve Seen All I Need to See abre con “A Lament”, una canción que introduce por etapas al escucha al horroroso mundo que The Body ha creado. El descenso comienza con el único elemento reconociblemente humano del álbum, la voz profunda y melancólica de Jim —padre del productor del disco, Seth Manchester— leyendo “The Kaleidoscope” de Douglas Dunn, un poema breve sobre la muerte y el duelo. El primer verso lo entona en relativo silencio, pero el segundo marca el comienzo del ruido impío que la guitarra de King se negará a dejar de producir por los siguientes cuarenta minutos. Toca un acorde distorsionado más allá de lo reconocible, lo deja sonar y repite el proceso; es casi gentil —en comparación con la agresión que mostrará más adelante— cómo deja que el sonido decadente llene el espacio sonoro. Cuando termina el poema, King sigue haciendo lo mismo, pero Buford —que se había limitado a tocar golpes individuales acentuando a la guitarra— incrementa el ritmo de su tamborileo. Una bestia ha despertado de la inmovilidad del sueño y ahora marcha con la intención de hacer daño. Entonces empiezan los gritos, primero los de Ben Eberle, frecuente colaborador de la banda, y después los de King, cuyo estilo vocal es verdaderamente inconfundible. Completamente indescifrable, su alarido agudo transmite un solo sentimiento, agonía total y absoluta. Aunque es efectivo en ese sentido, es muy monótono, lo que realmente resalta las aportaciones de Eberle a lo largo del disco. Al extinguirse los gritos, la última sección de la canción mezcla lo bello y lo espantoso para crear un efecto sublime: de entre la penumbra amenazante que crean guitarras y platillos distorsionados, brillan las notas de un teclado atroz. Me lo imagino como el sentimiento que, al final de los tiempos, me causaría la presencia de Dios: la elación ocasionada por la revelación, la confirmación de un ser divino y todopoderoso entremezclada con el terror abrumador y desolador que acompañaría la inminencia de la muerte y el sufrimiento eterno.

En la media hora restante de I’ve Seen All I Need to See, King y Buford son completamente implacables en su exploración de las cualidades destructivas del ruido: en “Tied Up and Locked In”, el resultado es un ataque directo sin piedad, una paliza en algún callejón que te deja completamente revitalizado a pesar del sangrado interno ; en “A Pain of Knowing” y “They Are Coming”, el ruido se convierte en interminables olas violentas, cuya finalidad es romper tu alma (como la tormenta que destruye a los protagonistas de The Lighthouse); en “The City Is Shelled”, la mejor canción del álbum, el sonido de la guitarra remite al zumbido de algún insecto monstruoso, acechándote con la intención de desgarrar tu cuerpo. I’ve Seen All I Need to See es un álbum verdaderamente único; no se establecerá como un referente estilístico, porque de él sólo resultarían copias baratas. Castiga a tu mente al igual que tu cuerpo de una forma brutal, al grado que incluso para la gente con un gusto por este tipo de música puede ser una experiencia difícil de soportar, pero cuán gratificante resulta la experiencia. The Body es una de las bandas más brillantes e innovadoras de los últimos veinte años y con I’ve Seen All I Need to See agregan una obra maestra más a una carrera excepcional llena de hitos.


Canciones favoritas: "A Lament", "Tied Up and Locked In", "The City Is Shelled"

Menos preferidas: "A Pain of Knowing", "Path of Failure"


* Disclaimer: la calificación de ésta, así como la de todas nuestras reseñas, está en una escala del 1 al 7

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