Marchita - Silvana Estrada


Han pasado tres años desde que la cantautora veracruzana Silvana Estrada anunció un concierto en el Teatro Esperanza Iris bajo el nombre Marchita. El evento fue promocionado como presentación del álbum homónimo; sin embargo, es hasta ahora que el disco ve la luz.

El debut de Silvana como solista —si consideramos Lo Sagrado (2017) una colaboración con Charlie Hunter— es un trabajo íntimo que va soltando en cada una de sus partes las emociones de un desamor sincero que, a su vez, no deja de sentirse romántico e, incluso, amable. En Marchita se trazan los recuerdos y la despedida desde la nostalgia; entre sus letras fluye el duelo junto a la comodidad de la soledad, permitiendo al escucha procesar el carácter introspectivo y reflexivo de su composición.

Al inicio, “Más o Menos Antes” introduce las temáticas del álbum a voz y guitarra. La voz poética de Silvana aparece por primera vez dirigiéndose a su amor, hablándole directamente sobre las formas en las que el vínculo afectivo transgrede su cotidianidad, reconociendo que no hay forma de volver a un tiempo sin misterios o tristezas, por lo que es necesario aceptarlos. De esta forma, la canción sirve de advertencia ante la realidad del amor.

“La Corriente”, a través de líneas melódicas y estructuras más comunes, pinta una especie de reclamo sobre los primeros pasos del enamoramiento: la primera irrupción de la cotidianidad que al final nos deja sin marcha atrás. Igualmente, se incorporan otros instrumentos: un piano, un cuatro venezolano —característico de la cantante—, cuerdas, coros y finalmente, un saxofón que retoma los tonos jazzísticos de Lo Sagrado. Se va formulando así la sonoridad de Marchita como un todo. Con “Te Guardo”, Silvana sedimenta el amor que se reconstruye en la memoria, dejando que su experiencia personal se filtre en quien la escucha para concretar las experiencias relativamente universales del álbum. En este momento, el poder de reconstruir los amores pasados ya no sólo está en Silvana, sino que se vuelve una actividad compartida.

“Un Día Cualquiera” retoma arreglos orquestales mínimos, similares a los que dan inicio al álbum, quizá con la intención de hacer una transición a otro tipo de emociones por explorar en las siguientes canciones. Al expresar un fuerte deseo de reciprocidad, sin importar sus condiciones, Silvana desespera ante el destino de las palabras “te quiero”. Por su parte, “Sabré Olvidar” vuelve sobre las estructuras pop de “La Corriente” al hacer elipsis y buscar empoderamiento en la superación del desamor; tras lo cual da paso a la canción que da nombre al proyecto.

“Marchita” se dibuja como un recuerdo más desastroso que carga el arrepentimiento posterior al deseo de distancia frente a lo que ya no está. La voz de Silvana, acompañada de cuerdas y su cuatro, va poco a poco revelando los enojos contenidos en el silencio, que al ser liberados la llevan a la asimilación. “Tristeza” conflictúa a Silvana con su aliada; las sonoridades cercanas a canciones como “Sabré Olvidar” ayudan a retomar la idea de moverse del dolor y seguir adelante.

Después, “Carta” parece volver a hacer elipsis: es la yuxtaposición entre el amor más puro —pero menos ilusorio— y la superación; haciendo sutil alusión al mar que contiene a las corrientes, Silvana busca reponer el amor derrumbado ahora con más positividad, paciencia, responsabilidad y aceptación. Consciente de la finitud, se propone una segunda vuelta menos permeada por la inseguridad.

“Casa” destaca por su producción: al reanudar la sencillez que abre el álbum, la canción va describiendo la despedida del hogar, cualquier hogar, y conforme va avanzando, más elementos van agregando tensión. Entre cuerdas dignas de un soundtrack, coros y sonidos de una casa que parece caerse a pedazos, Silvana decide darle un fin a sus propias tensiones emocionales para perfilar el cierre del álbum.

“Ser de Ti” es la antesala de un final. Volviendo a dirigirse a su amor, Silvana se rinde ante sus emociones, pidiendo un regreso que, sin embargo, no es aquella petición desesperada de “Un Día Cualquiera”: en esta ocasión la puerta queda abierta al retorno, ya con aprendizajes de por medio. Silvana deja todas sus cartas en la mesa, incluso hablando de bajar la luna y de perder la guerra. La última canción de Marchita es la aceptación final del duelo; una especie de calma desgarradora que deja fluir el tiempo.

Como epílogo, “La Enfermedad del Siglo” sirve de referencia a “Más o Menos Antes” para redondear el ciclo del álbum. La pieza instrumental retoma el inicio del álbum, aunque sin letra y con una trompeta que le brinda un carácter atemporal a la experiencia de Marchita y caracteriza la totalidad del álbum como una cápsula del tiempo transferible a diferentes momentos de una misma vida. Silvana logra conjurar el amor y el desamor como un solo hechizo que se complementa y aparece siempre con ambivalencia.

Aunque la mayoría de las canciones de Marchita ya eran elementos clave del repertorio de Silvana, en el álbum se sienten frescas, en parte gracias a la producción hecha por Gustavo Guerrero, que interviene lo suficiente para apoyar el arte de Silvana sin alterar sus motivaciones. En cuanto a la lírica, Silvana se muestra ágil a lo largo de todo el álbum, al construir imágenes poéticas e intensas que van marcando la escucha como las cicatrices del amor que describen. Asimismo, consiguen ser imágenes que, junto a la voz de Silvana, gozan del don de la sanación.

Marchita es un lugar sólido para un primer encuentro con la propuesta musical de la cantante y otorga un descanso para quien esperó este material por años al plasmar las canciones que llevaban tiempo en el aire y al describir los temblores amorosos de cada cual. Así, Silvana Estrada se siembra en los campos fértiles de la música mexicana con un futuro que vale la pena acompañar.


Canciones favoritas: "La Corriente", "Un Día Cualquiera", "Marchita", "Tristeza", "Casa", "Ser De Ti", "La Enfermedad Del Siglo"

Menos preferidas: "Te Guardo", "Sabré Olvidar"

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